Testimonio
«Aunque oyen, los autistas no escuchan»
Alfred Tomatis y el autismo en TVE — «Lejos de los demás»
Programa de «Preguntas y Respuestas» (TVE, La 2) dedicado al autismo, con Alfred Tomatis, la doctora Cori López y el neurólogo Víctor Casaprima. El autismo visto desde la escucha, el tiempo de latencia, el rechazo a culpabilizar a los padres y el testimonio de una madre.
Transcripción del programa «Preguntas y Respuestas» (Televisión Española — La 2 y TVE Internacional), grabado en directo en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), en la edición titulada «Lejos de los demás», dedicada al autismo. Participan el profesor Alfred Tomatis (habla en francés, con voz superpuesta en español), la doctora Cori López y el neurólogo Víctor Casaprima (Instituto Médico de Desarrollo Infantil), además del testimonio de una madre. La fecha exacta de emisión y la grafía de algunos nombres están por confirmar. Documento de archivo; las personas se expresan en su propio nombre.
«El autista es alguien que quiere escuchar, pero no lo consigue. Necesita demasiado tiempo para hacerlo.» — Alfred Tomatis
En breve — Bajo el título Lejos de los demás, Preguntas y Respuestas dedicó un programa al autismo con el profesor Alfred Tomatis, la doctora Cori López y el neurólogo Víctor Casaprima. La idea central, que da nombre a este artículo: «aunque oyen, los autistas no escuchan». Tomatis revisó su propia investigación —el niño autista no se niega a escuchar, sino que «necesita demasiado tiempo para hacerlo», hasta 7 o 13 segundos— y reivindicó con fuerza que los padres no tienen la culpa. El testimonio de una madre, sobre su hija Erika (4 años), ilustró los primeros cambios.
El autismo, visto desde la escucha
El programa parte de una imagen: «Una barrera invisible se alza entre los autistas y quienes les rodean… aunque oyen, los autistas no escuchan.» Es, de nuevo, la distinción clave de Tomatis: «Oír es algo pasivo, no significa escuchar.» El autista percibe los sonidos, pero no logra integrarlos, no llega a la escucha que abre al lenguaje y al otro.
Y aquí Tomatis introduce un matiz importante respecto a sus propias ideas anteriores. Durante años pensó que el autista se negaba a escuchar; ahora lo formula de otro modo: «El autista es alguien que quiere escuchar, pero no lo consigue. Necesita demasiado tiempo para hacerlo.» No es rechazo, es imposibilidad.
El tiempo de la escucha
¿Por qué «demasiado tiempo»? Investigando los fracasos —«lo interesante es investigar los fracasos», dice—, Tomatis descubrió que la diferencia estaba en el tiempo de respuesta. Una persona decide escuchar en milésimas de segundo; al niño autista hay que «alargarle la cuerda». Lo cuenta con una metáfora: «Cuando estaban en ese pozo, ahogándose, les enviaba un cabo, una cuerda demasiado corta.» Con los años, ese tiempo de espera se fue alargando: «Los últimos trabajos nos demuestran que a veces hay que esperar 7 segundos, y en algunos casos, 13 segundos.» Esa paciencia con el tiempo de la escucha es, para él, la clave de los nuevos avances.
Las teorías… y la culpa que sobra
Tomatis repasa las grandes hipótesis sobre el origen del autismo —la genética, el psicoanálisis de Bruno Bettelheim, las lesiones del cerebelo, las endorfinas, la inmunidad— sin aferrarse a ninguna como explicación única. Pero hay un punto en el que no transige, y es humano antes que científico: el daño que se hace a los padres al culpabilizarlos. «Esto es lo más dramático, porque los padres son culpabilizados, se sienten culpables. Pero no, no tienen la culpa.»
Mirar el vínculo: los signos precoces
El neurólogo Víctor Casaprima sitúa el núcleo del trastorno en la relación: «Hay un problema en los sistemas de relación, básicamente a través del oído, que es el sistema sensorial que primero se estructura en el ser humano.» Por eso el autismo no se detecta fácilmente con pruebas orgánicas, sino observando el vínculo: «Son niños que muchas veces no sonríen hacia sus adultos… no lanzan los brazos» hacia el mundo. Y subraya por qué todo esto importa: «La escucha es uno de los fenómenos más importantes en el terreno del desarrollo y del aprendizaje.»
El testimonio de una madre
El programa se cierra —antes de que la grabación se interrumpa— con la voz de una madre, Elena Abreu, sobre su hija Erika, de cuatro años. Cuenta cómo, hacia los dos años, la niña dejó de responder y de hablar, hasta el diagnóstico de autismo. Y cómo, con el tratamiento, empezó a ver cambios lentos pero reales: «Un poco lenta, pero buenos cambios… ha empezado a hablar alguna palabra.» El que más la conmueve no es el más espectacular: «En especial, la atención… que uno le puede hablar y ahora responde.» (La grabación se corta en este punto.)
En perspectiva
Hay que escuchar este programa con respeto y con prudencia a la vez. La intuición de fondo —que la escucha y el vínculo son decisivos en el desarrollo del niño, y que el autismo afecta profundamente a la comunicación— es seria y sigue vigente. En cambio, el autismo se entiende hoy como un trastorno del neurodesarrollo de origen sobre todo genético y multifactorial, y ninguna terapia basada en el sonido (incluido el método Tomatis) ha demostrado, en estudios controlados, ser un tratamiento eficaz del autismo: las revisiones independientes son claras al respecto. Por eso este documento vale, ante todo, como testimonio de una época y de una mirada —y por su mensaje más humano, hoy plenamente compartido: no culpabilizar a las familias, y tomarse en serio el tiempo y la escucha de cada niño.