Testimonio
«Oír es una sensación; escuchar, un acto»
Juan Antonio Timor en «Para Todos La 2» (TVE) — con motivo de su libro «Tomatís, una experiencia para compartir»
Entrevista en directo de Televisión Española (Para Todos La 2) al pedagogo Juan Antonio Timor, alumno del Dr. Alfred Tomatís, con motivo de la publicación de su libro «Tomatís, una experiencia para compartir». Por qué oír no es escuchar, las dos leyes del efecto Tomatís, el oído electrónico, la escucha desde el vientre materno y la música de Mozart y el canto gregoriano.
Entrevista del programa «Para Todos La 2» (Televisión Española), al pedagogo Juan Antonio Timor Pineda —practicante de la pedagogía de la escucha según el método Tomatís desde hace más de tres décadas— con motivo de la aparición de su libro «Tomatís, una experiencia para compartir» (Sibirana Ediciones, Zaragoza). Documento reproducido como pieza de archivo de la red altomtomatís*; el invitado se expresa en su propio nombre.*
«Oír es una sensación, simplemente por el sentido del oído; pero escuchar es un acto voluntario, activo y selectivo.» — Juan Antonio Timor
En breve — Invitado a Para Todos La 2, Juan Antonio Timor presenta su libro Tomatís, una experiencia para compartir y, a través de él, la pedagogía de la escucha. En pocos minutos recorre lo esencial del método: por qué oír no es escuchar, las dos leyes del efecto Tomatís, el oído electrónico, el modo en que el sonido «nos modela», las razones por las que dejamos de escuchar, la escucha que empieza ya en el vientre materno y el papel de la música de Mozart y del canto gregoriano.
Oír no es escuchar
Es la distinción de la que arranca toda la obra de Tomatís, y la propia presentadora la enuncia de entrada: «escuchar no es lo mismo que oír; no siempre escuchamos lo que oímos, o no queremos escucharlo, o simplemente no podemos.» Timor lo precisa: «Oír es una sensación, simplemente por el sentido del oído; pero escuchar es un acto voluntario, activo y selectivo.» Escuchar es, en realidad, una forma de atención: «la escucha nos tiene que permitir focalizar nuestra atención en aquello que nos interesa y eliminar aquello que nos molestaría.» Su ejemplo es cotidiano: dos personas que conversan en una cafetería rodeadas de otras voces; cuando el interés decae «la capacidad de atención cae» y, sin querer, nos ponemos a escuchar la mesa de al lado. Eso es no saber escuchar.
Una función global del ser humano
La escucha no es un detalle técnico, sino «una función global del ser humano». Para llegar a ser plenamente humano —dice Timor— hace falta poder expresar el pensamiento con palabras, y para ello «tener la capacidad de autoescucharse y de escuchar a los demás». Cuando esas dos escuchas se desajustan, aparece el sufrimiento: un niño cuyo mundo interior lo reclama demasiado «es muy difícil que pueda prestar atención a las informaciones que le llegan de fuera»; interpreta de forma distorsionada lo que le dicen los demás y responde de manera inadecuada, lo que «socialmente le va a crear muchos problemas». La raíz es una sola: «su escucha interior y su escucha exterior no están coordinadas.»
Los cantantes, las dos leyes y el oído electrónico
Timor recuerda el origen clínico del método. Tomatís, hijo de un cantante de ópera, empezó tratando a cantantes —entre ellos, con el tiempo, figuras como María Callas, Romy Schneider o Gérard Depardieu— y de ahí extrajo las leyes que depositó como «efecto Tomatís» en la Academia de Ciencias de París. El principio es de una sobriedad desconcertante: «un oído solo puede percibir lo que es capaz de analizar»; y su corolario, la segunda ley, «dice que la voz de esa persona se verá amputada de esas frecuencias» que el oído no analiza. Los cantantes líricos, por el enorme esfuerzo vocal, a veces «se dañaban su propia capacidad de escucha». La respuesta de Tomatís fue un aparato, el oído electrónico, que «ha imitado la fisiología y la anatomía del oído» y «nos obliga a escuchar como debería ser la escucha óptima». Repetido durante un tiempo, crea «un efecto de remanencia» y el oído «vuelve a recuperar su funcionamiento óptimo».
El sonido nos modela
De esa física nace una idea profundamente humana: el sonido nos modela. «Un lenguaje que transmite amor, que transmite cariño, que transmite comprensión, físicamente nos influye», hasta el punto de que un niño «puede abrirse como una flor si está en una comunicación positiva». Y a la inversa: «hay palabras que pueden matar, no tanto por el significado, sino por el tono con que las decimos.» Porque no escuchamos solo con el oído: «para percibir el sonido tenemos toda la piel —sobre todo las palmas de las manos, la parte frontal, la cara—»; todo el cuerpo, sembrado de células sensibles a las diferencias de presión del aire, está implicado, y la postura cambia según el ambiente sonoro en el que estamos.
Por qué dejamos de escuchar
Si escuchar es un acto, también puede ser un repliegue. A veces dejamos de percibir ciertas frecuencias «por causas traumáticas», y otras «simplemente porque estamos sometidos a una situación emocional que nos hace daño»: cerrarse a esos sonidos es entonces una forma de escapar. Timor pone el ejemplo del niño con otitis de repetición: con el oído medio lleno de mucosidad, «no le llegan los sonidos desagradables». Es un mecanismo de supervivencia que «de momento le sirve», pero engañoso: «se salva de esa dificultad momentánea, pero se mete en un laberinto del que después le va a resultar muy difícil salir.»
Desde antes de nacer
El libro de Timor está estructurado «como una espiral», porque el propio Tomatís «empezó con adultos, pero acabó preparando a las madres para la maternidad». La mejor manera de empezar a experimentar el método, dice, es antes de nacer. Y cuando un comienzo es difícil —un parto prematuro, la incubadora— se produce «una ruptura enorme»: el niño, que ya percibía la voz de su madre de un modo especial, queda separado de ella, y esa ruptura «puede dejar huellas». La propuesta es delicada: grabar la voz de la madre y hacérsela escuchar al niño «filtrada, como la escuchaba antes de nacer» y por conducción ósea, para «hacer un puente» que impida que esa situación deje marca.
Mozart y el canto gregoriano
¿Por qué esas dos músicas? Mozart compuso desde muy niño, de modo que «su carga emocional, sus sentimientos personales, no están muy presentes» en su música: por eso «dinamiza y da mucha energía». Y es que «el cerebro necesita estímulos para funcionar, y gran parte de esos estímulos se los dan los sonidos agudos». El canto gregoriano, de tempo «la mitad de lento», «afecta a todo el cuerpo dándole armonía» y, sobre todo, nos da la postura de escucha: «si no adquirimos una postura de escucha, difícilmente vamos a escuchar.»
Juan Antonio Timor es miembro de altomtomatís, la asociación profesional de alumnos del Dr. Alfred Tomatís en España, que preserva su legado científico y la aplicación correcta de su técnica. Su libro, escrito a dos voces con el sociólogo Chaime Marcuello Servós y con una contribución de Christophe Besson sobre la génesis del Oído Electrónico, puede consultarse en su ficha en el archivo Tomatís.
Transcripción íntegra de la entrevista
Transcripción automática revisada; pueden quedar pequeñas aproximaciones.
Pues sigan poniendo los cinco sentidos en la próxima entrevista, sobre todo, atención, los oídos. Desde luego, escuchar no es lo mismo que oír, eso está claro, y no siempre escuchamos lo que oímos, o no queremos escucharlo, o simplemente no podemos. De la escucha, de su importancia para la buena comunicación y para el equilibrio general de la persona, vamos a hablar con nuestro siguiente invitado, Juan Antonio Timor. Es pedagogo, aplica desde hace más de 16 años una pedagogía de la escucha basada en el llamado método Tomatís. La ha desarrollado también en un libro de muy reciente publicación, titulado Tomatís, una experiencia para compartir. Hay que decir que el doctor Tomatís fue un importante otorrino francés que creó la ciencia de la audio-psicofonología, y su método es hoy terapia oficial, por ejemplo, en Estados Unidos. —¿Qué tal? Bienvenido. —Gracias, buenas tardes.
—Para que lo intentemos, ¿qué es la pedagogía de la escucha, Juan Antonio? —Bueno, la pedagogía de la escucha, para decirlo de una forma breve, sería aprender a escuchar, porque es muy diferente, como has dicho, oír y escuchar. Oír es una sensación, simplemente por el sentido del oído, pero escuchar es un acto voluntario, activo y selectivo. La escucha nos tiene que permitir focalizar nuestra atención en aquello que nos interesa y eliminar aquello que nos molestaría. Estamos en una cafetería y estamos hablando tú y yo, y hay otras conversaciones alrededor. Si yo te aburro, te pones a escuchar a la gente que está al lado. —¿Sin querer? —Si no tienes mucho interés o no estás entrenada en escuchar, al cabo de unos minutos tu capacidad de atención cae. Eso es no saber escuchar.
—¿Cómo puedo ser todo oídos, o cómo puedo practicar la escucha óptima? —Se puede hacer un entrenamiento, uno lo puede hacer tranquilamente. Si tiene dificultades muy grandes, tenemos aquí en España la asociación altomtomatís, que somos todos los centros que aplicamos la pedagogía de la escucha según el doctor Tomatís. Uno puede acudir allí, se le hace una entrevista, se le hace un test de escucha y entonces se le dice a esa persona qué podría mejorar. —Todos deberíamos llegar a esa dimensión, a la escucha óptima, para sentirnos mejor en todos los aspectos. —Claro, porque la escucha es una función global del ser humano. El ser humano, para poder llegar a ser realmente humano, tiene que tener la capacidad de expresar su pensamiento con palabras, mediante el lenguaje. Y para eso tiene que tener la capacidad de autoescucharse y de escuchar a los demás.
—De autoescucharse, ¿en qué condiciones? —Si una persona, su mundo interior, sus emociones, su situación personal, le está solicitando de tal manera, es muy difícil que pueda prestar atención a las informaciones que le llegan de fuera, y su respuesta será inadecuada. Pongamos el caso de un niño que, en relación con los demás niños, en el colegio, en el recreo, los demás le dicen alguna cosa, y él la interpreta de una forma distorsionada porque emocionalmente no le permite hacerlo de otra forma; entonces su respuesta es completamente inadecuada. Esto socialmente le va a crear muchos problemas, y ese niño va a tener un sufrimiento por inadaptación, porque su escucha interior y su escucha exterior no están coordinadas.
—De hecho, el doctor Tomatís descubrió todo eso hace ya muchos años. Trató a la cantante María Callas, a la actriz Romy Schneider, también al actor Gérard Depardieu. Cuéntenos. —La historia de Tomatís es que era hijo de un cantante de ópera. Su padre estaba muy orgulloso de tener un hijo que había estudiado en la universidad —estamos hablando de los años 45, 47, 48—, y a todos sus amigos que tenían problemas les decía: «id con mi hijo, que es un especialista». Él confiesa que en aquella época no lo era tanto, pero que aprendió mucho con los cantantes. Depositó lo que se llama el efecto Tomatís, las leyes del efecto Tomatís, en la Academia de Ciencias de París. Básicamente, el principio consiste en que un oído solo puede percibir lo que es capaz de analizar. Si un oído tiene dificultades en algunas franjas de sonido, la segunda ley dice que la voz de esa persona se verá amputada de esas frecuencias. Lo que les pasaba a los cantantes era que un cantante lírico hace un gran esfuerzo vocal y muchas veces se dañaban su capacidad de escucha. Entonces Tomatís diseñó un aparato que se llama el oído electrónico, los ponía a escuchar bajo el oído electrónico y recuperaban esas frecuencias, y su voz volvía a ser capaz de recuperarlas.
—¿Cómo si se les pusiera un diapasón? —El oído electrónico es un aparato que ha imitado la fisiología y la anatomía del oído, el funcionamiento fisiológico y neurológico del oído, y que es capaz de obligarnos a escuchar como debería ser la escucha óptima; eso crea un efecto de remanencia. Si lo repetimos durante un cierto tiempo, ese oído vuelve a recuperar su funcionamiento óptimo. Y de ahí a recuperar nuestra estabilidad emocional, nuestra paz, hay un paso que dar, porque si tenemos una disfunción entre nuestra imagen personal y nuestra imagen corporal —porque el sonido nos modela—, entonces el lenguaje es la frecuencia óptima. Un lenguaje que transmite amor, que transmite cariño, que transmite comprensión, físicamente nos influye de manera que podemos abrirnos como una flor, por ejemplo un niño, si está en una comunicación positiva. Pero hay palabras que pueden matar, no tanto por el significado, sino por el tono con que las podemos decir.
—Entonces, el oído no solamente… —Para percibir el sonido no solamente tenemos el oído, tenemos toda la piel, sobre todo las palmas de las manos, la parte interior, la parte frontal, la cara. Cuando estamos hablando con alguien o recibiendo sonido, todo nuestro cuerpo está influido, y nuestra postura cambia según el ambiente sonoro en el que estamos. —Entonces yo oigo por aquí, pero también por aquí, por aquí… —Estamos inmersos, y el sonido también; por todo el juego de presiones, todo el cuerpo tiene células capaces de percibir las diferencias de presión del aire. El lenguaje nos influye. —Qué sofisticados. —Somos muy perfectos los seres humanos, en ese sentido.
—Decía que dejamos de percibir unas frecuencias. ¿Las elimina nuestro cerebro? —Puede ser por causas traumáticas, o simplemente porque estemos sometidos a una situación emocional que nos hace daño, y entonces una forma de escapar es dejar de percibir esas frecuencias. Por ejemplo, un niño pequeño puede hacer muchas otitis de repetición; hay que mirar la causa, porque cuando un niño tiene el oído medio lleno de mucosidad, está en una situación en la que no le llegan los sonidos desagradables. Es un mecanismo que de momento le sirve como método de supervivencia, porque ante una situación difícil ese estímulo llega mucho más atenuado. Pero es un problema, porque se salva de esa dificultad momentánea y se mete en un laberinto del que después le va a resultar muy difícil salir.
—Con ese método, el altomtomatís… —Altomtomatís es una asociación profesional de alumnos del doctor Tomatís. Estamos presentes en toda la geografía española y nos hemos organizado porque, después del fallecimiento del doctor Tomatís —que falleció el 31 de diciembre de 2001—, queremos preservar su legado científico y la aplicación correcta de su técnica. En los centros, por ejemplo en el mío, estamos asociados, hacemos sesiones de formación y divulgación para que esto, que pensamos que es tan interesante, se pueda conocer. —Y el método Tomatís puede servir… —Puede servir para muchas cosas, pero no es una panacea; puede servir en muchas situaciones.
—El libro que he escrito está estructurado como si fuera una espiral. Tomatís empezó con adultos, pero acabó preparando a las mamás para la maternidad. Una maravillosa manera de empezar a experimentar el método es antes de nacer. Después, supongamos el caso de un niño que haya tenido un nacimiento prematuro y haya tenido que ser puesto en incubadora: hay una situación de ruptura enorme, porque el niño está en contacto con su mamá antes de nacer, ya percibe su voz de una forma especial, pero después esa ruptura puede suceder que deje huellas. No es obligatorio, pero puede suceder. Ese niño podría recibir sesiones de escucha Tomatís: le grabaríamos la voz de su mamá y se la haríamos escuchar solo por conducción, de manera filtrada, como él la escuchaba antes de nacer. Eso le permitiría hacer un puente para que esa situación complicada no le deje huellas.
—¿Por qué utiliza la música de Mozart? —Es una pregunta que se nos hace muy a menudo. La música de Mozart y el canto gregoriano son las dos músicas que principalmente utilizamos. Tomatís descubrió que Mozart había compuesto desde muy niño, y entonces su carga emocional, sus sentimientos personales, no están muy presentes en su música; es una música que dinamiza y da mucha energía. El cerebro necesita estímulos para funcionar adecuadamente, y gran parte de esos estímulos se los dan los sonidos agudos; utilizamos esa música porque es estructurante y porque acompasa el corazón con la respiración. —¿Y el canto gregoriano? —El canto gregoriano tiene un tempo mucho más lento, justo la mitad que la música de Mozart; es un canto que afecta a todo el cuerpo, dándole armonía y dándonos la postura de escucha, que es fundamental. Si no adquirimos una postura de escucha, difícilmente vamos a escuchar. —Pues le hemos escuchado atentísimamente, Juan Antonio. Muchísimas gracias por estar hoy aquí y dar a conocer este método Tomatís. —Muchas gracias.