Testimonio
Los monjes benedictinos que se agotaban
Caso histórico referido por Norman Doidge
El caso de los monjes benedictinos de En-Calcat, privados de su canto gregoriano tras el concilio Vaticano II: un agotamiento inexplicable, y la «recarga» del oído según Alfred Tomatis. Relato referido por Norman Doidge.
Este relato no es un testimonio contemporáneo, sino un caso histórico, referido por el psiquiatra canadiense Norman Doidge en The Brain’s Way of Healing (2015), donde ilustra la idea central de Tomatis: el oído «recarga» el cerebro. El monasterio en cuestión suele identificarse con la abadía benedictina de En-Calcat (Dourgne, Tarn).
Unos monjes inexplicablemente agotados
A mediados de los años 1960, a raíz del concilio Vaticano II, una comunidad benedictina vivió un trastorno de su regla. Un nuevo padre abad, creyendo extraer las consecuencias de las reformas conciliares, suprimió el canto gregoriano que hasta entonces ritmaba las jornadas de los monjes —de seis a ocho horas de canto diario—.
Los efectos no tardaron. Sin causa aparente, los monjes se volvieron fatigados, abatidos, como privados de energía. Muchos ya no cumplían con su horario, dormían más sin sentirse por ello descansados, se deslizaban hacia un estado depresivo. Varios médicos fueron llamados a la cabecera de la comunidad. Uno atribuyó el agotamiento al régimen alimentario —los benedictinos, vueltos en parte vegetarianos, carecerían de fuerza— e hizo restablecer una alimentación más sustancial: sin resultado. Otros prescribieron más sueño y reposo: el estado de los monjes no hizo más que empeorar.
El diagnóstico de Tomatis: un oído privado de su carga
Consultado a su vez, Alfred Tomatis propuso una explicación de un orden muy distinto. Según él, el canto gregoriano no era una simple práctica espiritual: por su riqueza en sonidos agudos, constituía para los monjes una verdadera fuente de energía nerviosa. Al cantar varias horas al día, «recargaban» su cerebro; al dejar de cantar, se habían cortado, sin saberlo, de esta estimulación cotidiana.
Tomatis veía en ello una ilustración de una de sus ideas maestras: el oído no tiene como única función oír, sirve también para dinamizar la corteza. Los sonidos de alta frecuencia, abundantes en el canto gregoriano, actuarían como una recarga cortical; su desaparición explicaba el derrumbe de la comunidad.
El restablecimiento
Tomatis hizo restablecer el canto y le añadió una estimulación auditiva según su método. El restablecimiento, refiere Doidge, fue espectacular: en pocos meses, los monjes recuperaron su vitalidad, su capacidad de trabajo y su escasa necesidad de sueño, y pudieron retomar el exigente ritmo de la vida monástica.
Más allá de la anécdota, este caso ocupa un lugar destacado en la argumentación de Doidge: ve en él una demostración intuitiva, anterior a las neurociencias contemporáneas, del papel de la estimulación sonora sobre el estado del cerebro —una de las intuiciones de Tomatis que la neuroplasticidad vino, más tarde, a esclarecer (véase la sección «Debates científicos»)—.