Testimonio

El niño que lo desencadenó todo

Un recorrido de acompañamiento desde la primera infancia

El acompañamiento de un niño pequeño con trisomía 21, seguido desde sus primeros meses, que dio a los autores el impulso de escribir su libro.

Extracto de los capítulos «Finalidad y Método» y «Otras aplicaciones y sus resultados» de la obra TOMATIS — Une expérience à partager (TOMATIS — Una experiencia para compartir, de Juan Antonio Timor Pineda y Chaime Marcuello Servós). Los relatos relativos a niños o a pacientes se presentan sin mención nominativa, por respeto a su vida privada.


Fue el acompañamiento de un niño pequeño, portador de trisomía 21, el que dio a los autores el impulso de escribir este libro. Diagnosticado antes de nacer, conoció las sesiones Tomatis desde sus primeros meses —su propia madre había seguido algunas durante el embarazo—. Los autores empezaron a escribir cuando él tenía tres años y medio.

Tienen el cuidado de no prometer nada. Es demasiado pronto, escriben, para concluir definitivamente sobre los beneficios a largo plazo. Pero ciertas evoluciones les parecen demasiado nítidas para pasarlas en silencio: una mejor tonicidad muscular, progresos en la comunicación, una capacidad cada vez mayor de entrar en relación con los demás. La prudencia científica invita a poner estos vínculos entre paréntesis; la experiencia vivida a diario, en cambio, los hace difíciles de ignorar.

De manera más amplia, en el acompañamiento de niños portadores de trisomía 21, los autores describen transformaciones visibles: la tonicidad muscular que mejora, la marcha que se afianza, la mirada que cambia, la expresión del rostro que se anima y se personaliza. Si el rostro es el espejo del alma, escriben, cuanto más se deja al alma la libertad de modelar ese espejo, más singular y vivo resulta el resultado.